Respetando la cronología de los hechos, el match de la fecha presentaba a un debutante: Diego Barrantes, surgido del área de Web System. Su aparición obedeció a las bajas de Sela (estudio), Queimaliños (muñeca lesionada) y Beltrame (privilegió el Golf con Zordon por sobre el clásico paddle, una verdadera traición). La jornada estuvo cerca de suspenderse, pero la insistencia de Folch para mover cielo y tierra a fin de conseguir un relevo lo hizo posible. Lástima que en la cancha no haya mostrado la misma aptitud.
Lo cierto es que siendo Barrantes una incógnita (de hecho dijo que hacía mucho que no jugaba y no era muy bueno), Lapalma decidió formar pareja con él a efecto de hacer más equitativo el desarrollo del juego. La realidad es que esa equivalencia no existió nunca, porque el novato jugó mucho mejor de lo que se vendió en la previa y Roberto estuvo inspiradísimo.
A partir de la complejidad que implica enfrentar a un zurdo que encima saca de revés y que juega de ese lado bien (al igual que su compañero), Avellaneda y Folch demostraron que son la peor dupla ya que juntos no le pueden ganar a nadie. Menos aún si entran dormidos y si el letargo de Folch dura todo el partido.
El resultado no dejó lugar a dudas: 6-0, 6-2 y 6-3. Recién en el tercer parcial hubo algo parecido a un partido. Y todo esto en poco más de una hora de juego. Hasta que llegó el momento fatídico de la noche. Mientras se disputaba el cuarto parcial, Avellaneda observó con indignación como Folch no podía levantar un globo por enésima vez y, lleno de frustración, fue a buscar una pelota hacía la pared con escasas chances de pasarla. En el movimiento del impacto, su paleta dio en su propia frente y le produjo un corte que significó el final del cotejo y el de esa era de la que se hablaba en las primeras líneas. Porque lo primero que pasó por la cabeza de Bigote fue: "Con una paleta de las modernas no me pasaba". Así, a fin de cuidar su integridad física de cara al futuro, archivará la vieja paleta en un placard. Seguramente deberá acostumbrarse en las primeras semanas. Por lo pronto, la herida le dejó como saldo una linda vincha en la cabeza a modo de venda y lo dejará a fuera de las canchas en la próxima jornada.
Una pena que la jornada se haya visto desteñida por una partido con nula competencia y un abrupto final accidentado. Al menos el protagonista se debería llevar como lección aprendida que la frustración no conduce a nada y que en la adversidad hay que aprender a controlar las emociones.