En consecuencia, por primera vez en el año hubo un salto temporal de dos semanas entre partido y partido. Obviamente el mini parate generó mucha expectativa y ansiedad entre los jugadores que querían volver a salir al ruedo (vale aclarar que no en el caso de Francisco, que una vez más se excusó por el fin de semana largo, ya que se iba a su ciudad natal, Mar del Plata). El turno fue para Andrés Moreno, que por primera vez hizo dupla con Miguel Queimaliños, contra Pablo Fullana y Hernán Onzalo. Un duelo que, a priori, pintaba para batalla campal, de esas que se libran a brazo partido sin cuartel.
Una particularidad de quien (solamente por ahora) es el único "expatriado" (nos referimos al crédito de Bahía Blanca), es que se quedó dormido "sin querer queriendo" (desde que se mudó a laburar en Belgrano estaba llegando siempre temprano -demasiado a veces-). La otra curiosidad de la fecha fue que el match se disputó en el court central, porque no había nadie más jugando en ese horario (y, claramente, se ve que la luz está demasiado cara como para tener más de una cancha iluminada).
El cotejo fue desde el vamos muy parejo, con escasas brechas en el score. Ninguno logró una distancia clara sobre el otro. A tal punto, que ninguna dupla logró estar arriba en el marcador por más de un game hasta los respectivos juegos de definición. Dentro de esa paridad, se destacó notoriamente la solvencia acostumbrada de Fullana-Onzalo (una pareja con cierto recorrido, ya que disputaban su sexto match juntos y segundo de 2014). Mientras que del otro lado, Andrés y Miguel hicimos un buen partido, sobre todo teniendo en cuenta que sabían que del otro lado iba a volver absolutamente todo, lo que los obligaba a jugar 4 o 5 bolas de más para lograr el punto. Por otra parte, aprovechando su mayor "bagaje" técnico, también respondieron con la altura necesaria cuando se veían apremiados, apelando a algún tiro "fantástico" que lograba sacarlos del apuro. No obstante e incluso para sorpresa de todos, fallaron en un aspecto en el que en general se desenvuelven bien: Definir cerca de la red. Los tiros se les quedaban demasiado cortos.. o apenas anchos (si es que se buscaba el claro en el lado opuesto). Esas pequeñas diferencias se fueron acumulando a favor de Pablo y Hernán (un verdadero crack corriendo todo lo que se mueve, infatigable) y les costó a sus adversarios pagarlas con el primer set, en el que sucumbieron por 7-5.
El segundo chico ya se vio más complicado para Moreno y Queimaliños (a pesar de que Fullana caía en sus habituales lagunas y, como siempre, terminaba insultando cada vez que se iba del partido a pasear por ahí), porque no habían terminado de cruzar de lado cuando Miguel le informaba a Andrés de un nuevo "pinchazo" en su pantorrilla. Moreno pensó que había mejores lugares para inyectarse y entendió que el trámite se iba a tornar cuesta arriba, a pesar del optimismo de su compañero, quizás ya afectado por lo que, Andrés creía, era el efecto de alguna sustancia extraña en su cuerpo. "No digamos nada Andresito, que no se den cuenta", dijo el otrora bicampeón por lo bajo. Andrés lo aceptó como mensaje para encarar lo que quedaba del match... Ocultando que su compañero era un adicto (sin saber con certeza a qué). Encima, enseguida notó los efectos, tanto en Miguel como en su propio juego. A todas las bondades que venían mostrando, pudieron incorporar la definición de los puntos en la red, resolviendo al fin el único déficit del primer parcial. Esto motivó que Moreno comenzara a sospechar, inocentemente, que no sólo Miguel veía mejorado su juego, sino que por ósmosis también él se veía afectado y resolvía al fin esos puntos que escasos minutos antes debía lamentar.
El set estaba 3-3 y cuando Andrés se empezaba a sumar decididamente al optimismo que emanaba de "Big Maq", la realidad lo abofeteó cruelmente: Una pelota corta sobre exigió el maltrecho físico de su co-equiper, cuya reacción fue un amague a salir corriendo, seguido de una mueca en su rostro que bien podía augurar dolor o súbita diarrea. Por desgracia, Moreno comprendió al fin, tristemente tarde, que el "pinchazo" acusado por su compañero era un dolor muscular y no otra recaída hacia su lado oscuro. El pobre tipo había soportado estoicamente sobrio y en una pierna seis games consecutivos y no sólo debió responder los maltratos de Onzalo, que inquisidoramente lo sometió a la tortura de los pelotazos (misiles, en realidad) al cuerpo, sino que también combatió las sospechas de su propio compañero, quien ya lo había prejuzgado como un pobre diablo que recibía permiso para salir de la granja al programa "Paddle por la vida".
Atormentado por la culpa Andrés empezó a correr todas las pelotas en un vano intento de subsanar el déficit del cuerpo de Queimaliños ysu propia vergüenza por prejuzgarlo. Eso hizo que tuviera un inédito rendimiento superior,como si la culpa se acoplara a la adrenalina y hasta resolvió puntos con precisión en plena carrera. No obstante, del otro lado seguían estando Fullana y Onzalo, que en la agitada mente de Andrés se iban transformando en dos malditos caretas de esos que nunca se inyectan y cuidan su cuerpo con el "Health program" de EM. Encima, Pablo logró un hecho inédito, ya que fue uno de los pocos (sino el único) partido en el cual no le quebraron el saque (en buena parte gracias a Hernán, ya que claramente el servicio no es su fuerte y, de hecho, estuvieron a punto de quebrarlo casi en todos los juegos).
El tramo final del match se desarrolló con el crédito de Punta Alta y el "Correcaminos"devolviendo todo, ajenos al dolor de Miguel y a los remordimientos de Andrés. Lograron quebrar para quedar 5-4 arriba y conseguir que el score refleje de una buena vez los tormentos internos de sus adversarios. En el juego siguiente rubricaron con el servicio propio y sellaron el 6-4 que les permitió obtener un triunfo sumamente valioso ante dos rivales de fuste. A quienes, a esa altura, ya no les importaba el resultado. Queimaliños pensaba en volver a la granja para que al menos le dieran pequeñas dosis y sobreponerse al dolor en la pierna con su sustancia preferida. Moreno, en tanto, marchó pronto al aeropuerto para viajar a Roma y revisar su condición de Cristiano con el sumo pontífice, esperando que no estuviera muy ocupado en estos días (aunque algunos señalan que huyó despavorido porque, dado lo que corrió y jugó, está a punto de ser motivo de pedido de inclusión de antidóping).
Al margen de estas notas de color, la victoria le permite a Pablo Fullana consolidarse en la cima del certamen con 12 puntos al enhebrar su tercera victoria consecutiva. Hernán Onzalo, por su parte, se recuperó del traspié anterior y empieza a transformarse en una amenaza concreta para los de arriba. El que no levanta cabeza es Andrés Moreno, que cayó por tercera vez al hilo después de su sorprendente arranque. Miguel Queimaliños, en tanto, no pudo prolongar su buen momento para acumular un par de triunfos en serie y prenderse en la lucha. Encima, la lesión (¿desgarro?), lo dejará afuera de las canchas por al menos dos semanas (quizás tres). Un síntoma de lo exigente que es el circuito EMPT en este 2014.
¿Qué depara el futuro del certamen? Si no apela a otra de las tantas razones de su manual de su "libro rosa de excusas", Francisco Seguí debería jugar con Diego Avellaneda contra Gustavo Beltrame y Hernán Onzalo. En la previa, otro partidazo. A reservar sus butacas señores...
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