domingo, 30 de marzo de 2014

SÍNTESIS DEL MATCH

El EM Paddle Tour es tan apasionante e imprevisible, que nos sigue deparando sorpresas y jornadas memorables semana a semana. En este caso algo que tuvo bastante poco de positivo pero que no por ello deja de ser curioso y tiene sus aristas interesantes. En deportes como este (o el tenis, por caso), las condiciones climáticas suelen ser un factor que no tiene tanto peso en el desarrollo del juego (salvo las temperaturas extremas, que pueden condicionar a los players). Una de las inclemencias que suele afectar mucho el trámite de un partido es la lluvia. Pero generalmente eso se asocia a disciplinas que se practican a cielo abierto, como el fútbol, el hockey o el rugby. Sin embargo, en el último match del mes de Marzo de 2014, por primera vez en la historia del circuito EMPT se jugó un encuentro en el que las precipitaciones que llegaron desde el cielo fueron grandes protagonistas de la historia y el desenlace del cotejo.
El fixture dictaminó que se enfrentaran Hernán Onzalo y Miguel Queimaliños (ambos invictos, aunque con sólo dos encuentros disputados) contra Pablo Fullana y Diego Avellaneda. Los pronósticos no estaban tan claros, ya que si bien Hernán y Miguel llegaban mejor parados, a Pablo el cambio de aire laboral parece haberle hecho de maravillas y Bigote es un jugador que, más allá de una mala racha, siempre deja el 101% sobre el cemento (sí, el tipo tira hasta lo que no tiene). Por eso se podía esperar un encuentro parejo, más allá de cierta tendencia favorable a la pareja integrada por dos de los tres mejores jugadores del 2013.
Y el arranque del partido ratificó esa sensación, ya que el primer set fue prácticamente un monólogo de BigMaq y el Correcaminos, a excepción de los dos primeros games. Esos dos juegos iniciales mostraron la paridad que se esperaba. Puntos arduamente disputados y servicios forzados al extremo, recién resueltos en ventaja tras un par de deuces. Pero a partir del primer quiebre de la tarde-noche, la cuestión cambió radicalmente. El oriundo de Punta Alta tuvo un primer juego de saque para el olvido, con dos dobles faltas incluidas. Eso derivó en un quiebre rápido y sencillo que les permitió a Onzalo y Queimaliños tomar ventaja de 3-1. Las claves para que empezaran a dominar las acciones pasaron por esa increíble capacidad de Hernán para traer de vuelta pelotas que no parecen tener retorno, más una afiladísima derecha de Miguel, que ponía presión desde la devolución y sacaba paralelos milimétricos de esos que le gusta tirar y dejan sin posibilidades a sus adversarios. Eso, sumado a que Fullana estaba increíblemente errático, sobre todo en el terreno en el que mejor se mueve (volea y red), hacían que la balanza se inclinara inevitablemente hacia el otrora bicampeón y su joven e incansable compañero. Avellaneda sostenía la situación como podía, pero también aportaba a la causa con algunas derechas flojas que morían en la red y, encima, con un saque que era fácilmente resuelto por sus rivales. Así fue como un nuevo quiebre (en este caso sobre el servicio de Diego) y la posterior confirmación con el saque de Miguel dejaron el score 5-1. Hubo una tibia reacción a partir de un buen juego de saque de Pablo que empezaba a esbozar la recuperación. Sin embargo, había una dupla dueña de las acciones que no perdonó en el game siguiente y resolvió con autoridad para cerrar la primera manga con un elocuente 6-2.
Todo parecía indicar que la jornada se iba a cerrar con un triunfo claro de Onzalo y Queimaliños, sobre todo porque ellos jugaban los puntos con mucha más fluidez y naturalidad que sus rivales. Sin embargo, esa resurrección que había empezado a manifestar el bahiense en el cierre del primer parcial, se corporizó definitivamente en el segundo. Con mucha más agresividad en todos sus golpes y un servicio mucho más confiable, fue protagonista de una interesante levantada que le posibilitó a él y a su compañero quebrar el saque de Hernán y dejar la historia 3-1. Fundamentalmente, porque pudieron tomar con autoridad el control de la red y evitar que sus adversarios trabajaran sus golpes con comodidad. Pero el desarrollo del partido tenía reservada otra vuelta de tuerca. Avellaneda volvió a flaquear con su saque y cedió nuevamente ante la presión de las devoluciones de Miguel (sobre todo un passing de derecha cruzado que dejó al alto rubio de zapatillas blancas corriendo inútilmente). Acto seguido el propio Queimaliños siguió sometiendo a sus oponentes con un saque potente y envenenado difícil de contrarrestar, lo que emparejó el score en 3 por bando. Otra vez sobrevolaba la sensación generalizada en el ambiente que la pareja más regular y sólida estaba lista para dar el batacazo. De hecho, el séptimo game fue una dura prueba para Pablo, que jugó un game de saque con mucha presión encima pero logró salir airoso para evitar un nuevo quiebre que, de haberse producido, seguramente habría sentenciado la historia. Y fue en ese momento, cuando se jugaba el octavo juego del segundo set, eb el que hizo su aparición en escena el factor que terminaría siendo, a la postre, el gran protagonista de la noche: La lluvia. Un diluvio se desató sobre la Ciudad Autónoma de Buenos Aires y todas las grietas del techo de la cancha número tres de Slice Paddle cedieron gentilmente el paso al agua que, primero lentamente y luego con gran velocidad, copó el cemento azul verdoso con grandes charcos que hacían casi intransitable algunos sectores de la cancha.
La anomalía hizo que, por ejemplo, un saque con "bola lenta" de Onzalo forzara una corrida limitada de Avellaneda que, si hubiera salido disparado como debía, hubiera terminado de cabeza contra la red (claramente hubo cierta malicia por parte de Hernán). Sin embargo, en el game siguiente, Miguel Queimaliños hizo gala de su caballerosidad deportiva y en lo que probablemente sea el gesto "Fair Play" del año, hizo jugar de vuelta un punto que Bigote había perdido al patinarse de manera formidable cuando se preparaba para asestar un golpe de volea a una pelota que venía "como una manteca" (Bambino Veira dixit).
Y si bien Miguel ganó el "replay" del punto con otro de esos formidables paralelos, esa jugada fue un punto de inflexión porqué infundó el temor de una caída en todos los jugadores y sentenció el comienzo de una etapa del match en el que cada paso se daba con un cuidado mayor al habitual, lo que restringía la libertad de movimientos y, por ende, la soltura para jugar. Lo cierto es que, amén de la caída, Avellaneda sostuvo el servicio en un game muy complicado y, con el 5-4 a su favor, tanto él como Fullana percibieron que estaban ante una oportunidad inmejorable. Sobre todo porque Queimaliños y Onzalo ya no se sentían tan cómodos en las condiciones reinantes. Así, pusieron presión sobre un saque de Miguel que ya no corría de la misma manera (probablemente porque a medida que transcurrían los puntos, las pelotas se iban mojando y se ponían más pesadas) y consiguieron quebrarlo para adjudicarse el segundo parcial por un ajustado 6-4.
Lo que sucedió en el tercer fue una historia aparte que poco tuvo que ver con el desarrollo normal de un partido. El estado del campo de juego se deterioró notablemente. Los charcos eran cada vez más insondables y probablemente lo más lógico y razonable hubiera sido suspender el partido. Sin embargo, ambas duplas querían cerrar el match y en forma unánime se decidió seguir jugando. Y fueron Pablo y Diego los que mejor se adaptaron a la coyuntura del terreno resbaladizo. Pese a que los globos de Hernán seguían siendo extremadamente precisos y pasando a la larga humanidad de Avellaneda casi en forma milimétrica, tanto Bigote como el de Punta Alta aprovecharon mejor la pesadez de las bolas para sacar ventajas con sus servicios, al tiempo que Queimaliños (sobre todo) y Onzalo padecían con sus saques. Entonces el marcador se puso rápidamente 4-0 para Fullana y Avellaneda. Hubo una tibia reacción en el quinto game, cuando Pablo volvió a su modo errático del comienzo del match y dejó una hendija abierta para que le quebraran el saque. Sin embargo, en esas condiciones, dos quiebres de diferencia eran demasiado para un Miguel cansado y un Hernán mucho más dubitativo e imposibilitado de correr todas en medio de las "lagunas" que se formaban sobre el cemento. Así se llegó a un 5-3 con el saque de Fullana para cerrar el encuentro y en ese juego Avellaneda, pese a que había rodado por el piso, decidió que tenía que arriesgar un poco más y con un par de voleas en retroceso (con el peligro que implicaba saltar hacia atrás sin saber sobre qué cantidad de agua podía caer) logró encaminar el game que cerró con un smash similar en el que dejó de lado toda la camaradería y el juego limpio ya que, ex profeso, dirigió el golpe hacía la zona más mojada de la cancha, cuestión de asegurarse que Onzalo no la corriera por el peligro que ello implicaba para su humanidad. Un gesto poco loable de Bigote (más allá de la que Onzalo le había tirado en el set anterior y de un violento pelotazo que Hernán impactó contra la humanidad de Fullana) en el que primó la necesidad inescrupulosa de cerrar el juego por sobre todo lo demás.
Si bien ese punto les dio el 6-3 con el que obtuvieron la victoria, queda en claro que, en condiciones normales, los ganados deberían haber sido Queimaliños y Onzalo. Sin embargo, la lluvia metió sus narices en Slice Paddle y condicionó el desarrollo, dando lugar al mérito de Fullana y Avellaneda que se acomodaron mejor a la inusual circunstancia.
Con este resultado, Pablo Fullana pasa a ser el líder absoluto del certamen con un par de puntos de ventaja sobre Seguí, tras haber logrado su segundo triunfo en forma consecutiva. Diego Avellaneda, en tanto, cortó una racha de 4 sin victorias (3 derrotas y un empate) y ganó su primer partido de 2014. Además, continúa con la particularidad de ser el único jugador que estuvo presente en todos los partidos a 3 sets que se disputaron hasta el momento. Miguel Queimaliños, que volvía a las canchas tras casi un mes de ausencia por sus vacaciones, cayó tras dos sin derrotas y no pudo subirse a la cima, aunque todavía tiene terreno a recuperar porque ha jugado menos que el resto. Similar es el caso de Hernán Onzalo, que también perdió por primera vez en lo que va del año, aunque en su caso traía una seguidilla de 3 sin conocer la derrota y apenas había sido vencido en 1 de los últimos 10 que había jugado. Por otra parte, fue la primera caída como equipo de Miguel y Hernán, ya que hasta acá habían jugado 3 con un halago y 2 pardas.
Lo que se viene en el futuro del EMPT 2014 es el retorno a las canchas del "viajero frecuente" Francisco Seguí, que afrontará el desafío de jugar con el colista Jorge Messina ante una dupla de esas a las que nadie querría enfrentar: Andrés Moreno y Miguel Queimaliños, dos players que conjugan maña y talento por igual. ¿Podrá el joven marplatense ser el primero que conduzca al debutante de Caseros a un triunfo? No se pierdan el final de ese historia en la próxima batalla de los Titanes del Cemento.        

No hay comentarios:

Publicar un comentario